¿Hijos o esposo?

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Para una mujer, la vida en el hogar tiene dos bases importantes: el amor hacia los hijos y el amor a su pareja. Pero ¿cuál de estos dos es más importante? Hay quienes creen que el amor a los niños lo es todo, que ellos son la única razón de nuestras vidas y que nada más importa. ¿Será esto realmente cierto? Contrario a lo que muchos piensen, no podemos dejar de lado a nuestro esposo para criar a nuestros hijos.

Si de verdad amas a tus hijos, les darás el mejor ejemplo de amor dándole a tu cónyuge la calidad más limpia, elevada, abnegada, edificante y gratificante del amorexplica Rafael Vázquez en familias.com. No se puede criar bien a los hijos en un hogar donde no ven el amor reflejado entre sus padres. Ver cómo se desenvuelven los padres en el hogar establece cómo será ese niño en la familia que establezca futuramente. Respeto mutuo, amor y unión son los principales pilares.

Las relaciones personales de un individuo se edifican según la percepción que tengan en su casa. El amor entre esposos es lo que hace más fuerte el amor a los hijos, ya que ellos son el resultado de ese sentimiento. Los hijos, en especial cuando son niños, tienen la capacidad de darse cuenta cuando sus padres se aman.

Esto no es ninguna exageración, pues aquellos que tienen padres separados o divorciados son más propensos a experimentar culpas, ya que creen que dicha separación es su culpa. Es muy posible que al momento de formar una relación esta no sea estable, pues siguen los pasos de sus progenitores sin darse cuenta, aunque no en todos los casos es igual. Estos chicos no solo deben lidiar con el dolor de un padre fuera del hogar, sino también con el resentimiento (o remordimiento, dependiendo de cómo sea su relación con sus padres) y la culpa.

Además, estos niños son capaces de sentir una especie de temor ya que creen, sin quererlo, que la persona con la que viven puede prescindir de ellos en cualquier momento, así como lo hizo con su pareja. Claro está que estos miedos no tienen fundamento, pero eso no cambia el hecho de que estén allí.

A pesar de que amemos a nuestros hijos incondicionalmente, debemos entender que no son nuestros. No podemos “casarnos” con ellos, es decir, criarlos para que se queden en casa y nos den el amor y el cariño que le corresponde a un novio o esposo. Lo más saludable, tanto para ellos como para nosotros, es enseñarles a tomar sus propias decisiones, sin importar que cometan errores, pues para eso estamos: para guiarlos y ayudarles a levantarse si algo sucede. 

 Fuente: familias.com

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