Una historia que se cuenta segundo a segundo

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Desde los tiempo más remotos, los humanos han sentido la necesidad de medir el tiempo con la mayor exactitud posible. Esta ambición fue consecuencia de la comprensión de una realidad natural: el cuerpo tiene una duración limitada. Por lo tanto, se hizo prioritario saber cuánto se era posible vivir y en que momento se presentaban las diferentes etapas del ser humano.

Un artículo dedicado al tema, publicado en el portal Vida Cotidiana vidacotidianitica.blogspot.com, especifica que la primera percepción del tiempo concebida por el hombre primitivo fue la salida y la entrada del sol. También recurrieron a los indicios vegetales que señalaban los cambios de estación y las migraciones de las aves.

 Posteriormente, de forma simultánea, griegos y romanos idearon diversas formas para medir el tiempo, como los marcadores solares, que aunque no eran muy fiables, brindaban los datos necesarios para manejarse durante el día.  En esa misma época, hace 5.000 años, babilonios y egipcios crean los primeros calendarios para organizar la vida de las comunidades, sobre todo en lo concerniente a la agricultura y el comercio. Estos primigenios calendarios se basaban en tres ciclos diferentes: el día solar, el mes lunar y el año solar, el cual marca el paso de las estaciones.

 El primer reloj de la historia fue precisamente solar. Se llamaba “gnomon” y consistía en un bastón que se incrustaba en el suelo perpendicularmente, mientras en la tierra se trazaban surcos que indicaban los distintos momentos del día. La sombra del bastón señalaba los diferentes horarios. Este invento tuvo tal repercusión en la sociedad griega, que pronto el bastón se convirtió en un inmenso obelisco.

 Otras alternativas de medición del tiempo resultaron ser imponentes, por no decir desproporcionadas. Tal es el caso de los relojes de sol mandados a construir por Augusto, en el año 10 a.C. Con el nombre de “horologium”, ocupaba una extensión equivalente a dos campos de fútbol juntos, con un gnomon de 22 metros de altura. Para su construcción, el emperador ordenó reunir a los mejores científicos y matemáticos de la época.

 Pero, la necesidad inmediata se remitía en épocas posteriores a crear un reloj portátil para ser utilizado como instrumento de navegación. Fue así, como surgieron los relojes de cera, que eran velas de duración prevista. A medida que se iba consumiendo la vela, se sabía cuánto tiempo había pasado poniendo atención a las marcas que tenía equitativamente separadas. Esta idea sirvió de inspiración para el reloj de arena, que significó un paso importantísimo en la medición exacta del tiempo.

 Fuente: vidacotidianitica.blogspot.com

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